
El reporte advierte que el país mantiene “estabilidad macroeconómica nominal”, pero con debilidades estructurales persistentes. El crecimiento proyectado se ubica entre los más bajos de la región y el PIB per cápita permanece estancado.
Bolivia enfrenta un escenario de crecimiento débil, según el informe “CEPAL 2025: Bolivia con un muy bajo crecimiento económico y altamente informal”, que advierte que el país mantiene estabilidad en precios, pero sin lograr un despegue estructural sostenido.
De acuerdo con el documento, el crecimiento del PIB para el período 2024-2025 se ubica en un rango de entre -1,1 % y 0,5 %, situando a Bolivia entre los países de menor expansión en la región, cuyo promedio estimado alcanza 2,4 %. El informe resume la situación señalando que «Bolivia resiste, pero no despega».
En términos de ingresos, el PIB per cápita ronda los 4.300 dólares, muy por debajo del promedio regional de 10.212 dólares, lo que mantiene al país en el tercio inferior de América Latina. Además, el estudio advierte que el crecimiento boliviano está explicado en un 70 % por el consumo interno, mientras que la inversión privada es inferior al 8 % del PIB, lo que deriva en un “crecimiento vulnerable y poco sostenible”. Uno de los principales desafíos estructurales identificados es la informalidad laboral, que supera el 70 %. Si bien el desempleo abierto se mantiene por debajo del 5 %, el informe aclara que se trata de empleo precario y de baja productividad.
En el ámbito fiscal, el documento señala que Bolivia presenta un déficit cercano al 7 % del PIB y una deuda pública aproximada del 80 % del PIB, lo que refleja una situación “más frágil” frente a otras economías sudamericanas . Aunque la inflación estimada para 2025 es de alrededor del 3 %, muy inferior al promedio regional del 8 %, el análisis advierte que esta estabilidad tiene un “alto costo fiscal”. En el plano social, la pobreza total alcanza aproximadamente el 36 % y la pobreza extrema el 13 %, cifras superiores al promedio sudamericano. La esperanza de vida se sitúa en 68,9 años, por debajo de países del Cono Sur.
En sus conclusiones, el informe sostiene que “Bolivia mantiene estabilidad macroeconómica nominal (inflación baja y crecimiento positivo), pero presenta debilidades estructurales persistentes: bajo PIB per cápita, alta informalidad, déficit fiscal elevado y dependencia de la demanda interna”. Añade que, en el contexto regional, el país “queda rezagado frente a países que apuestan por inversión, diversificación productiva y capital humano”.
Entre las recomendaciones planteadas se encuentran la consolidación fiscal gradual, el impulso a la inversión privada y público-privada, la diversificación productiva y exportadora, así como políticas activas para transformar el empleo informal en trabajo productivo y formal.
El documento concluye que Bolivia no atraviesa una crisis profunda, pero sí enfrenta un estancamiento que exige reformas estructurales para modificar su trayectoria de bajo crecimiento en el mediano plazo.