
Tarija se ha consolidado en los últimos años como un destino enoturístico por excelencia, donde visitantes nacionales y extranjeros llegan atraídos por sus viñedos, su clima y la calidez de su gente. Dentro de este circuito destaca un emprendimiento que ha sabido ganarse el reconocimiento del público al combinar vino, cultura y hospitalidad.
En diálogo con El Guadalupano Digital, Oscar Daroca Molina, propietario de Bodegas Daroca, compartió detalles sobre cómo esta propuesta local ha logrado conquistar a los turistas, ofreciendo una experiencia integral que va mucho más allá de la degustación tradicional.
“Nosotros no solo vendemos vino, brindamos un espacio donde los visitantes pueden disfrutar de la cocina tarijeña, recorrer nuestra boutique y recibir un trato cercano, algo que sin duda valoran quienes vienen a conocer nuestra tierra”, señaló Daroca con entusiasmo.
La bodega se ha posicionado como un punto obligado para quienes desean entender de cerca la esencia vitivinícola de Tarija, acompañada de sabores locales cuidadosamente seleccionados. “Cada plato que servimos busca realzar el sabor de nuestros vinos, logrando una armonía que el visitante no olvida”, añadió.
Además de la gastronomía, el espacio ofrece una boutique con productos derivados de la vid y recuerdos que los turistas pueden llevar a casa como parte de su travesía por tierras chapacas, reafirmando el valor cultural y artesanal del emprendimiento.
Según explicó su propietario, otro de los pilares de Bodegas Daroca es la atención personalizada, que convierte cada visita en una experiencia única. “Hacemos sentir a cada persona especial, nos interesa que viva el recorrido con tiempo, sin prisas, conociendo cada detalle de nuestros procesos”, subrayó Daroca.
La combinación de estos elementos ha hecho que la preferencia crezca año tras año, consolidando a la bodega no solo como un lugar para catar vino, sino como un verdadero punto de encuentro con la historia y el paisaje tarijeño.
Finalmente, Daroca invitó a propios y visitantes a dejarse sorprender por la magia de sus espacios, recordando que la pasión por el vino y la hospitalidad siguen siendo el motor que impulsa este proyecto familiar.