HACE 54 AÑOS, EL CHE GUEVARA SOSTENÍA SU ÚLTIMO COMBATE

HACE 54 AÑOS, EL CHE GUEVARA SOSTENÍA SU ÚLTIMO COMBATE

Fue poco después del mediodía del domingo 8 de octubre de 1967 en la quebrada del Yuro, una trampa mortal en la que cayeron Ernesto Che Guevara y un puñado de sus hombres ante un cerco muy bien estructurado por efectivos del Ejército boliviano.

Cuenta el entonces capitán Gary Prado Salmón, quien dirigió a los militares en esa acción que cuando los insurgentes dejaron de disparar, se escuchó una voz: «No disparen, soy el Che, valgo mucho más vivo que muerto». Desde el jueves 23 de marzo de aquel año, cuando se produjo el primer combate, durante siete meses y medio, la atención del mundo se centró en Bolivia, a causa de la presencia del legendario combatiente comunista en el sudeste del territorio nacional.

Guevara se había propuesto, como señaló en su carta de despedida a Fidel Castro, líder de la Revolución Cubana, «construir uno, dos, tres Vietnam» para que Estados Unidos disperse sus esfuerzos militares y sobrevenga su derrota. Falló en Congo, África, y en Bolivia, aunque su leyenda se agigantó y trascendió a la muerte. Apresado, fue conducido a la aldea más próxima al sitio del último combate, La Higuera, en cuya escuela fue encerrado.

Esa misma noche llegó un mensaje cifrado a ese remontó punto del departamento de Santa Cruz: «Saludos a papá». Los jefes castrenses lo interpretaron de inmediato. La orden era fusilar al Comandante guerrillero. Hubo un sorteo y el comisionado para cumplir la misión fue el cabo Mario Terán. Cuenta la leyenda que Terán ingresó a la única aula de la escuela donde el Che estaba preso y titubeó. «Serénese y apunte bien que va a matar a un hombre», dicen que Guevara ordenó antes de recibir la ráfaga mortal.

Después, su cadáver fue presentado a los medios en el hospital Señor de Malta, de Vallegrande. Había nacido un mito. Los uniformados bolivianos cercenaron las manos del cuerpo y le tomaron una mascarilla de yeso antes de sepultarlo clandestinamente cerca de la pista del aeródromo vallegrandino, donde permaneció hasta que expertos forenses e investigadores de varias nacionalidades lo encontraron en 1997, a partir de cuando sus restos reposan en el cementerio de Santa Clara, Cuba.

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