
La joven paceña de 29 años trabaja en la Agencia Espacial de Francia y actualmente colidera un proyecto, relacionado también con Marte, con la agencia espacial de Japón. Está casada hace tres años, le gustan los deportes extremos y el fisiculturismo.
Fueron minutos de gran expectativa los que se vivieron en la Tierra el jueves con el amartizaje del rover Perseverance; el robot de la NASA que tiene la misión de indagar si en ese planeta hubo alguna vez vida, lo que haría tambalear la idea de que somos los únicos seres vivientes de nuestro sistema solar.
Para el equipo que colaboró con la construcción del Perseverance, esos minutos fueron interminables, sobre todo los “siete minutos de terror”, como se conoce a la maniobra ultrapeligrosa que precedió al amartizaje.
“Fueron ‘siete minutos de terror’ realmente que se sienten como una eternidad, mientras el corazón late demasiado fuerte y, a la vez, uno ya no respira”, cuenta desde Francia Camila Velazco Landeau, la boliviana de 29 años que es parte del equipo de la Agencia Espacial Francesa que construyó la SuperCam que lleva el Perseverance y con la que en los próximos dos años buscará sobre la superficie marciana indicios sobre si alguna vez la vida estuvo ahí.
Y tiene razón, cuando el robot ingresó a la atmósfera marciana se convirtió en un bola de fuego que volaba a unos 20.000 kilómetros por hora, mientras que su escudo térmico se calentaba hasta los 1.300 grados centígrados, según reportó la NASA.
“Es una sensación fantástica. Me hace sentir orgullo, pero también mucha humildad, ya que considero que tuve mucha suerte de ser parte de esta aventura”, expresa la joven científica que nació en La Paz y es una de las primeras ingenieros espacial que tiene Bolivia. Desde Francia, donde actualmente trabaja en la Agencia Espacial Francesa , conversó con Página Siete y contó su experiencia con el Perseverance y los proyectos en los que está embarcada.
Cuando pasen los años y cuentes cómo viviste el amartizaje del rover Perseverance, que lleva una poderosa cámara que tú ayudaste a diseñar, ¿qué sensación crees que volverás a sentir?
Camila Velazco (CV).- No sé si volveré a sentir ese estrés inmenso que me hacía temblar, o la dicha y alivio inmensos al saber que todo salió bien; pero pienso que siempre me acordaré del momento de íntima y profunda felicidad que viví al compartirlo con mi familia, pese a la distancia.
(CV).- No sabría explicarlo; una mezcla de miles de cosas… un “por favor no te estrelles” (risas), entre otras. Fueron siete minutos de terror, realmente, que se sienten como una eternidad, mientras el corazón late demasiado fuerte y, a la vez, uno ya no respira.
Después de participar en este trabajo ¿qué representa Marte para ti?
(CV)- Marte. Es ese planeta que uno menciona desde niño para hablar del espacio exterior, de lo desconocido y lejano. Pero es también un planeta muy parecido a nuestra Tierra. Esa similitud de características como planeta lo hacen sumamente interesante para entender el por qué y el cómo de la Tierra. Sus diferencias nos hacen preguntarnos por qué es que nosotros (la Tierra) gozamos de vida, cómo se formó ésta, y cómo podría desaparecer. Para mí, ver un planeta como Marte, sin duda alguna, me genera fascinación, pero me hace, igualmente, apreciar mucho más el planeta Tierra, su flora y su fauna, que para nosotros, los humanos, es aún único en el universo.
Eres la primera boliviana ingeniera espacial, ¿cómo seguiste esa carrera?
Siempre me fascinaron la física y el espacio, pero no puedo decir que elegí de manera 100% consciente la carrera de ingeniería aeroespacial. Me fui inclinando hacia esta especialidad a través de las oportunidades que se presentaron a lo largo del recorrido universitario que hice aquí, en Francia. Para entrar a las “Grandes Ecoles”, las grandes escuelas de ingeniería, el sistema pide dos años de estudios intensivos, en lo que llaman preparatorias científicas; luego un concurso clasificatorio a nivel nacional y, según los resultados, otros tres años de escuela superior de ingeniería.
Tuve la suerte de ingresar a la mejor “prepa” de Francia gracias a mi beca y ahí obtuve la formación necesaria para postular e ingresar al Instituto Superior de Aeronáutica y del Espacio (ISAE), en Toulouse, que, en los últimos 30 a 40 años, se ha convertido en el centro más importante de la industria aeroespacial europea, y de los centros de formación e investigación aeroespaciales. De ahí que terminé como ingeniero aeroespacial, con mención en astrofísica.
Pagina Siete
