
La segunda ola ya es una realidad en el departamento, amenazado además por el dengue y el sarampión. Los hospitales precisan personal y equipos. En Trinidad no se cumplen las medidas de bioseguridad.
En Beni, el personal de salud para atender la Covid-19 acaba su contrato este 31; no hay insumos en el hospital Germán Busch; en las calles es raro que alguien use barbijo y, por si fuera poco, se emitió una alerta por dengue y sarampión. Así, la región “está en puertas de otra ola”, del virus y teme repetir la pesadilla que en mayo y junio dejó cientos de muertos, según pudo verificar Página Siete, que realizó un reportaje en el lugar.
“Ya estamos en puertas de la segunda ola. En la semana epidemiológica 51 tuvimos 10 casos, pero en lo que va de esta semana ya tenemos 28. Está comenzando en Beni”, concluye Antonio Castro, jefe de Epidemiología del Servicio Departamental de Salud (Sedes).
Entre mayo y junio, la explosión de casos de coronavirus colapsó el sistema de salud de Beni hasta donde llegaron brigadas de médicos paceños, cruceños, cochabambinos y chuquisaqueños para ayudar en la contención, mientras decenas de personas fallecían y el cementerio se llenaba de tumbas sin nombres.
Después de siete meses de la crisis sanitaria, la sombra de esa pesadilla ronda por la capital trinitaria, donde pocos ciudadanos usan barbijos, no se respeta el distanciamiento social y las fiestas de promociones y “juntes” son habituales. “Hace unos días fui al banco y nadie tenía barbijo, nadie respetaba la distancia (de dos metros) y por eso tuve que retirarme”, lamenta Víctor Luis Vaca, el director del Hospital Germán Busch, de tercer nivel, el más importante de ese departamento.
Charles Suárez, director municipal de Salud de Trinidad, cree que las fiestas de fin de año, en las que se realizan reuniones familiares, serán la prueba decisiva para definir si se asumen restricciones como ocurre en otras ciudades. “Sabemos que en La Paz y Santa Cruz se elevaron los casos. No quisiéramos que pase eso en Beni, por eso las fiestas serán decisivas para tomar medidas estrictas”, afirma.
El lunes 21, en el Club Social de Trinidad unos 150 comensales degustaban los platillos sin respetar los protocolos de bioseguridad. “No podemos emitir sanciones económicas, porque la gente (muchos gremiales) vive al día y estaríamos golpeando su economía”, dice Huber Roca, director de Seguridad Ciudadana de la Alcaldía trinitaria.
El director del Sedes, Erick Vallejos, es más contundente: “Hay un descuido por parte de la población en las medidas de bioseguridad y en ese contexto, es probable que tengamos un eventual rebrote”.
Este jueves 31 de diciembre, el personal de salud que fue contratado para la Covid-19 terminará su contrato. “Se está viendo la forma de recontratarlos de acuerdo a la necesidad”, afirma Castro.
El director del Sedes atribuye las deficiencias a la falta de asignaciones económicas por parte del gobierno anterior. “El Ministerio de Salud debía asignar presupuestos necesarios en la pandemia. No lo hicieron, como tampoco las transacciones trimestrales; todo eso afectó y por ello los nosocomios están en una situación crítica”, describe. Ante una eventual segunda ola, “los hospitales no tienen muchos recursos para dar continuidad a la atención sanitaria”, sostiene Vallejos.
Hasta la semana pasada, 53 médicos del Centro Covid mantenían un bloqueo en la carretera a Santa Cruz, en reclamo por el pago de sueldos que les adeudan hace tres meses. Por si eso fuera poco, los militares les pidieron que desalojen el predio del Centro Covid y ahora deben trasladarse al Centro de Salud Central.
El director del Hospital Germán Busch denuncia, por su parte, que ese nosocomio “no tiene los recursos económicos, la infraestructura ideal, los insumos, los medicamentos ni el personal, para afrontar otra crisis sanitaria”. Nacido en Santa Cruz, pero radicado en la capital beniana, Vaca recuerda con pesar cómo durante junio fallecían 15 personas por día en el Germán Busch.
“Asumí la dirección en junio, en el momento más alto de casos de Covid y hubo días con 15 muertos. No teníamos oxígeno ni equipos y mirar muerte sobre muerte fue muy doloroso”, confiesa el especialista que además de administrar el hospital tuvo que ponerse la bata para atender los enfermos.
En esa época, ante la carencia de insumos de bioseguridad, todo el personal de la Unidad de Terapia Intensiva se contagió. “¿Ahora cómo voy a volver a arriesgar al personal si no hay equipos de bioseguridad?”, pregunta el médico.
En este momento hay una disponibilidad de 350 camas a nivel departamental para la atención de la Covid-19. Hay además siete unidades de terapia intensiva, dos de las cuales están ocupadas esta semana.
La mayor mortandad en Beni se dio entre mayo, junio y julio. De acuerdo con el director edil de Salud de Trinidad, Charles Suárez, hubo semanas en las que se enterraban hasta 23 personas por día.
Durante la pandemia, el Cementerio General de Trinidad colapsó, por lo que la Alcaldía tuvo que habilitar un nuevo campo santo en el Distrito 6, un sector húmedo en medio de árboles y un pantano. El sitio está a unos 35 minutos del centro de la ciudad.
Allí están enterrados Carlos Muñoz (1940-2020) y Alexander Rivero Valverde (1972-2020), entre otros 460 difuntos. Pero también hay decenas de tumbas sin nombres de personas sospechosas de Covid, cuya prueba al final no pudo efectuarse, pero que ante el riesgo sanitario también fueron sepultados en el Cementerio Covid.
La nueva necrópolis es el fiel testimonio de las consecuencias que trajo la Covid-19 en la capital beniana, donde ahora se perdió el miedo al virus. “Es mejor usar un barbijo que descansar en un cementerio”, advierte casi desesperado Roca, desde la municipalidad.
Pagina Siete
