
El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se enfrentará con el mandatario ultraderechista Jair Bolsonaro en los comicios del 2 de octubre.
El exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva presentó este sábado su candidatura a las elecciones presidenciales, para las que todas las encuestas lo sitúan como el máximo favorito por delante del actual gobernante, Jair Bolsonaro.
«Es un momento muy especial en mi vida, especial por contar con ustedes, por haber conseguido por la primera vez juntar todas las fuerzas políticas progresistas en torno a mi campaña», afirmó Lula en un acto en un centro de convenciones de Sao Paulo, donde lo arroparon cientos de militantes.
Los últimos sondeos otorgan al líder del progresista Partido de los Trabajadores (PT) cerca de un 45% de las intenciones de voto, frente al 30% que obtendría Bolsonaro, líder de la extrema derecha brasileña, en los comicios del próximo 2 de octubre.
12 años después de dejar el poder con una histórica aprobación (87%), el ícono de la izquierda brasileña, de 76 años, participará en unas elecciones que se perfilan altamente polarizadas, cuya campaña arranca oficialmente en agosto.
Todo apunta a que los comicios se reducirán a un duro combate entre este exobrero metalúrgico, que presidió Brasil entre 2003 y 2010, y el excapitán del Ejército llegado al poder en 2019, dos enemigos políticos con propuestas completamente antagónicas.
En una entrevista con la revista estadounidense Time publicada esta semana, Lula afirmó que cuando dejó la presidencia en 2010 «no planeaba volver a ser candidato». Pero decidió dar este nuevo paso en su convulsa trayectoria al ver que «en estos 12 años» su herencia creada «para beneficiar a los pobres (…) fue destruida».
«Solo me estoy presentando porque lo puedo hacer mejor que antes. Estoy seguro de que puedo resolver los problemas (de Brasil)», sentenció.
Esta sexta tentativa presidencial de Lula -fue derrotado tres veces antes de su primer mandato- era un secreto a voces azuzado por él mismo desde que en abril de 2021 recuperó sus derechos políticos. El Supremo Tribunal Federal (STF) confirmó entonces la anulación de sus condenas por corrupción, una de las cuales le llevó a la cárcel más de un año y medio.
Desde ese momento, mientras encadenaba victorias judiciales en la veintena de procesos abiertos en su contra, volvió paulatinamente al centro del ruedo político brasileño e internacional, como cuando el presidente francés Emmanuel Macron le recibió en el Elíseo a finales de 2021.
En esa época, los sondeos le auguraban al viejo zorro de la política brasileña una victoria cómoda, algunos ya en primera vuelta: la popularidad de Bolsonaro se había hundido a su menor nivel debido a su criticada gestión de la pandemia de coronavirus, la disparada inflación y el crecimiento de la pobreza.
Pero en los últimos meses el mandatario remontó en las encuestas, que ahora descartan completamente una victoria de Lula en primera vuelta.
Últimamente, el exmandatario ha multiplicado los traspiés, con torpes declaraciones sobre el aborto, las clases medias -cuyo apoyo es esencial-, o la policía. En Time, dijo que el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, es «tan responsable como Putin» de la guerra.
El escritor Paulo Coelho denunció en un tuit la «incontinencia verbal» de Lula.
Esos pasos en falso han obligado al equipo del exmandatario a redefinir su estrategia de comunicación, que por ahora no ha podido contrarrestar la superioridad del bolsonarismo en las redes sociales.
EFE
