
El exgeneral Juan José Zúñiga Macías difundió este jueves una carta escrita de su puño y letra, en la que reafirma que los recientes hechos ocurridos en Bolivia no constituyeron un golpe de Estado, sino lo que él describe como un «grito de libertad» del pueblo boliviano y de las Fuerzas Armadas.
En la misiva, que se viralizó en redes sociales, Zúñiga sostiene que las Fuerzas Armadas actuaron motivadas por el hartazgo ante lo que califica como una constante manipulación política.
El exjefe militar asegura que su accionar no tuvo como fin derrocar al Gobierno, sino expresar el sentir de una institución que, según él, busca recuperar su dignidad.
Su carta desde su encierro en la cárcel:
Desde esta celda donde intentan acallar mi voz, les hablo con el corazón firme y el espíritu intacto. Mi cuerpo está preso, pero mi conciencia y mis pensamientos están libres. Mi palabra sigue al servicio de la patria. Porque aunque quieran sepultar la verdad, Bolivia está despertando.
Hace un año, valientes soldados y militares evitamos un enfrentamiento entre hermanos bolivianos. No hubo disparos, no hubo sangre, no hubo violencia. Sin embargo, nos criminalizaron sin conocer la verdad. Fuimos convertidos en enemigos públicos, en TROFEOS POLÍTICOS de un régimen que no perdona la dignidad ni tolera la verdad.
No hablo solo por mí. Hablo por mis camaradas que hoy también están encarcelados injustamente por obedecer a la patria y no al poder. Su prisión demuestra el miedo que tiene este régimen a los hombres con honor. A ellos les digo: aguanten, resistan con la frente en alto. Ya falta poco. Ya se van los verdugos . Se ganaron el desprecio de un pueblo como nadie lo ha hecho, porque la verdad se abre paso y la historia ya nos está absolviendo. Nosotros no hicimos ningún daño.
«YO HABLÉ LO QUE MUCHOS CALLAN. YO ACTUE DONDE OTROS SE ARRODILLAN.»
No matamos a nadie. No cometimos ningún crimen. No manchamos nuestras manos con sangre del pueblo.
Quienes hoy nos acusan sí lo han hecho: se van con las manos ensangrentadas. Persiguen a sus dirigentes, encarcelan a los que piensan diferente, infunden miedo por donde caminan, destruyen familias. Usan al Estado para oprimir, para perseguir, para matar la esperanza de un pueblo noble y sufrido.
También fuimos víctimas de una justicia manipulada, usada como arma del poder. Jueces y fiscales serviles, consorcios de abogados corruptos, montaron una falsa narrativa de “GOLPE DE ESTADO”. Violaron la ley, inventaron pruebas y ejecutaron el libreto de un gobierno cobarde y abusivo. Pero el pueblo no les cree, ni les creerá. Y hoy, varios de esos mismos operadores de la justicia podrida ya enfrentan la cárcel. La mentira se desmorona.
Bolivia sufre. El pueblo es empobrecido día tras día. Una élite reducida se ha adueñado de la patria y se aferra al poder como si el país fuese su propiedad. Hacen lo que les da la gana: venden nuestros recursos naturales, destruyen nuestra industria, niegan el trabajo, cierran oportunidades, encarcelan al que quieren, y lo más doloroso empobrecen a nuestra gente sin pudor. Nos han convertido en extraños en nuestra propia tierra. Endeudan a esta PATRIA sin compasión, sin pensar en el dolor que dejan tras cada firma.
Pero también Bolivia resiste. En las calles, en los campos, en los barrios y también en los cuarteles, la gente empieza a decir: ¡BASTA!
La patria no soporta más humillación. La libertad no se pide: se conquista. Y se conquista con coraje, con unidad y con amor al país.
A mis camaradas de armas:
El uniforme que vestimos no es para servir a caudillos, sino para defender al pueblo, a la patria y a la Constitución. Las Fuerzas Armadas nacieron del pueblo y con el pueblo deben vivir y morir. Nuestra lealtad es con Bolivia.
No fuimos formados para proteger a los verdugos, sino para resguardar el honor nacional y defender a nuestro pueblo. Nuestra fidelidad no es con quienes se sirven de Bolivia, sino con quienes la aman y la sufren.
¡No se dejen usar más para oprimir a nuestros hermanos!
Nosotros dimos el ejemplo en la plaza Murillo: nunca se debe apuntar el fusil contra nuestro pueblo. ¡JAMÁS!
¡No repriman al pueblo que solo clama pan, justicia, trabajo y libertad!
El honor militar no se vende. Se defiende.
Aquel 26 de junio no fue un intento, ni mucho menos un golpe de Estado. Fue un grito.
Un grito de libertad: fuerte, valiente e inevitable.
Fue el grito de una nación cansada de ser humillada, manipulada, empobrecida.
Fue el grito de un pueblo al que le arrebataron la justicia, el trabajo y la esperanza. Un pueblo que ya no acepta vivir de rodillas ni callar ante la mentira.
También fue el grito de unas Fuerzas Armadas cansadas de ser manipuladas políticamente, abandonadas y despreciadas por el poder. Oficiales, suboficiales, sargentos y soldados que, con el alma herida, se pusieron de pie. Dijeron: “¡BASTA !” al manoseo, al olvido y al uso político. Solo nos buscan cuando están en peligro, cuando quieren la sangre del soldado. Ese día alzamos la voz por dignidad, por deber y por amor a la patria.
Ese día marcó un quiebre. Y aunque intenten borrar su significado, el pueblo no olvida. Porque no fue una amenaza, fue una advertencia de que Bolivia ya no tolerará más traiciones, humillaciones ni saqueos.
Desde esta prisión no clamo por mi libertad personal. Clamo por la libertad de Bolivia.
Por justicia para los que hoy somos PRESOS POLÍTICOS, militares policías y civiles, por el único «delito» de amar a nuestra patria.
Clamo por un mañana sin miedo, sin caudillos y sin represión.
A ti, boliviano: tu fuerza está en tu conciencia despierta.
Y a ti, soldado: tu deber no es con el tirano, sino con la bandera y la patria que juraste defender.
“LA PATRIA NO SE TOCA. Y CUANDO ESTÁ EN PELIGRO, TODO ES LÍCITO, MENOS DEJARLA PERECER.”
¡Que viva Bolivia libre y soberana!
¡Que viva el pueblo digno!
¡Que vivan las Fuerzas Armadas fieles a su pueblo!
¡Que viva la memoria del 26 de junio!
¡Libertad para todos los PRESOS POLÍTICOS!
Gral. Div. Juan José Zúñiga Macias
PRESO POLÍTICO DEL RÉGIMEN
DESDE LA CARCEL, AL CORAZÓN DE LA PATRIA
Clave 300
