
En un momento en el que la economía y la industria del país, en sus distintos sectores, están en plena lucha para salir adelante después de los duros golpes que recibieron de la pandemia a causa del coronavirus, el contrabando se ha convertido en uno de los principales obstáculos para tal cometido, y a la larga puede ser el causante de mayores efectos negativos.
El estudio Contrabando: Efectos y modus operandi en Bolivia, realizado por el Centro Boliviano de Estudios Económicos (CEBEC), dependiente de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco), reveló el daño económico que esta ilícita actividad causa a la industria nacional, así como la forma en la que opera por las distintas fronteras que tiene Bolivia.
De acuerdo con el estudio, en general, el contrabando deja una pérdida anual de al menos 2.300 millones de dólares, lo que significa el seis por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
Ahora, en plena pandemia del COVID-19, el efecto más duro lo sufre el sector de los alimentos y bebidas, cuya pérdida asciende a los 400 millones de dólares cada año.
Para evidenciar este hecho, explicó Hugo Rodríguez, economista del CEBEC, no hace falta más que observar la cantidad de productos que se ofrecen en los principales mercados de las capitales del país, donde se puede encontrar todo tipo de alimentos, desde enlatados hasta verduras y hortalizas, que entran de contrabando y afectan de forma directa al productor nacional.
Al momento, los productos más afectados son la carne, arroz, harina de trigo, fideo, azúcar, aceite, bebida no alcohólicas y cerveza. Otro efecto del contrabando tiene que ver con lo que se conoce como la producción desplazada, es decir, lo que se dejó de producir por el ingreso de mercadería ilegal, que está entre el cinco y 10 por ciento del PIB, con un impacto negativo para las arcas del Estado de 350 millones a 400 millones de dólares, explicó Rodríguez.
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